viernes, 26 de marzo de 2010

NO al trabajo


· Laureano Márquez

Así como hemos sido extraordinariamente críticos con Esteban, no somos mezquinos en reconocerle a nuestro comandante los aciertos en donde los tiene. Quien esto escribe siempre ha pensado que el trabajo es una de las cosas más odiosas que ha inventado la humanidad; por eso, desde muy joven, tomó el camino de eso que su progenitora llamaba “vivir del cuento”, expresión que se usa para denominar a los que viven a expensas del trabajo ajeno (una de las cosas que da más trabajo, dicho sea de paso). Recuerdo que ella, cuando comencé en la Radio Rochela (¿Se acuerdan?… Un programa que existió en Venezuela y que duró medio siglo haciendo reír a los venezolanos, hasta que se lo llevó el tsunami), me decía: “me parece bien que estés en un programa cómico y ganes algún dinero mientras consigues un trabajo”.

Pero, al margen de los detalles personales, definitivamente es claro que el trabajo nace como castigo, como bien se expresa en el merengue del Negrito del Batey. Aprovechando que estamos en la Semana Mayor, citemos el libro del Génesis en el momento en que Dios castiga a Adán por haberle desobedecido siguiendo las instrucciones de Eva (información que, muchas veces, se omite): “Al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”.

Como queda claro, el trabajo es una punición a la desobediencia, y está constituido por las dificultades que el hombre tiene que padecer para subsistir, una vez que ha sido expulsado del Paraíso. Que, con el tiempo, las leyes laborales hayan brindado ornamento a tan absurda situación, es otra cosa. La mentalidad neoliberal-burguesa y pitiyanqui, por su lado, nos ha inculcado la idea de que tenemos “derecho al trabajo”, como si el trabajo fuese un logro. Si el trabajo fuese una cosa buena, no pagarían para que la gente lo haga. Uno no necesita trabajo, sino un gobierno que resuelva.

Por otro lado, desde el punto de vista marxista, el trabajo conlleva explotación. Si se suprime el trabajo, no hay explotación posible, porque los capitalistas burgueses no tendrán de dónde extraer eso que llaman plusvalía, con lo cual se joderán irremediablemente, ja, ja, ja, ja… Así que, incluso desde el punto de vista del modelo económico que el gobierno impulsa, la medida tiene la mayor lógica.

Por otro lado, una de las enseñanzas más claras que todo venezolano recibe desde chiquito, en la casa o en la calle, es que no es el trabajo lo que te va a dar billete, sino el sobreprecio, la especulación, la lotería y fundamentalmente la corrupción administrativa con los fondos públicos.

Los nuevos multimillonarios de los últimos 11 años no se han enriquecido trabajando. Por el contrario, la noción más cercana de trabajo que uno tiene, la encarnan el portugués del abasto, el isleño de la frutería o el obrero de la construcción, que literalmente se parten el lomo. Todos ellos se pasan la vida entera pelando bola, con el mismo negocito y viviendo en la misma casa o apartamento. No se muda uno de Coche a La Lagunita trabajando, eso debe quedar claro. Entonces, la disposición de que la Semana Santa entera no sea laborable encierra una serie de mensajes direccionados en el sentido espiritual más profundo de la sociedad en la que vivimos. Bien por eso.

Hay opositores que verán siempre algo negativo en lo que haga el Presidente. Se ha señalado que la medida tampoco ayuda al ahorro de energía, como ha dicho el gobierno. La verdad es que eso no es exacto.

Fíjense y analicen: Con el clima y los incendios que vive la capital de la República, la gente abandonará masivamente la ciudad para dirigirse a lugares del interior donde ya hay cortes de suministro regulares. Quiere decir que la economía en el uso de electricidad será impresionante. ¿Se imaginan toda la electricidad que se ahorraría en Venezuela si no se trabajase nunca y nos dedicáramos todos a vivir del petróleo, que es gratis? Definitivamente, inmoralidad y apagones son nuestras primeras necesidades.

TAL CUAL